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Los colegios alaveses endurecen la vigilancia en las aulas para poder atajar la movilmanía&#8 PDF Imprimir
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Jueves 01 de Abril de 2010 17:46

(Los centros privados han prohibido el uso del móvil y los públicos demandan una ley que prohíba su utilización).

Cuando la telefonía requiere de cables, los mensajes doblados hasta la extenuación o convertidos en pequeñas pelotas de papel volaban en las aulas. De la pericia del docente dependía el final de la conversación. Pero la irrupción de los móviles hace cinco años entre adolescentes trajo consigo un aluvión de sms durante las clases difícil de combatir.

De hecho, los centros escolares están preocupados por el cada vez mayor uso indiscriminado de los móviles en las aulas. Las escuelas de Vitoria consultadas por este periódico reconocen que la movilmanía está muy extendida, sobre todo entre los estudiantes de Enseñanza Secundaria, con edades de 12 a 16 años. En la actualidad, más de uno de cada dos niños vitorianos de 10 a 14 años (un 53%) tiene uno de estos artilugios-el segundo porcentaje más alto del Estado, por detrás de Asturias-,lo que ha obligado a los centros educativos a endurecer la vigilancia.

Las medidas adoptadas para combatir la movilmanía en las aulas no son las mismas en todos los casos. Los centros privados han optado por prohibir el uso del móvil en sus reglamentos, mientras que la mayoría de los público, ante la ausencia de una ley específica, confiesan que asumirán con entusiasmo una ley que recogiera esta decisión.

De momento, el Gobierno Vasco no contempla dicha posibilidad, que podría ponerse en marcha en algunas comunidades, como La Rioja, que ha recogido el legado del Reino Unido, donde la ministra de Educación, Ruth Kelly, presentó en febrero su plan de tolerancia cero, que prohíbe introducir móviles en los centros educativos.

Corazonistas, Veracruz, Marianistas o Sagrado Corazón son algunos de los centros que han adoptado medidas extremas para que los alumnos no puedan chivarse las respuestas de los exámenes con mensajes de texto o saquen fotografías a sus compañeros. La prohibición del uso del móvil, no obstante, ha sido consensuada con los padres.

Quitar el móvil en el instituto público Mendizabala, como en los anteriores, la consigna se resume en “quitar el móvil si suena en clase”, según afirma su directos, Vicente Touzón. Los alumnos pueden quedarse sin su objeto más preciado entre una y tres semanas. Este castigo ha logrado mentalizar a la mayoría de los adolescentes.

La situación se repite en Federico Baraibar. El jefe de estudios de este centro público, Koldo Arregi, señala que desde hace cinco 5 años los alumnos deben desconectar el móvil antes de entrar en el aula. “Pero no sólo ellos. Los profesores deben asumir la misma norma”, matiza. Aún así, reconoce que resulta “imposible” controlar mecanismos como el vibrador. De ahí que algunos institutos, como el privado Jesús Obrero, no se lleven a engaño y se limiten a exigir que la insonorización de los aparatos a la entrada del aula para que no entorpezcan el buen funcionamiento de la clase.

Más o menos flexibles, todos los centros entrevistados coinciden en que los móviles son “completamente innecesarios” dentro del recinto escolar. En el caso de que el alumno se encuentre a la espera de una llamada urgente, los colegios disponen de teléfonos para llamar: “Así es como funcionaba antes y no había ningún problema”, recuerda Koldo Arregi.

Los colegios han sobrevivido al primer combate, que comenzó con timidez hace ya un lustro. Sin embargo, las nuevas tecnologías sorprenden al mundo con novedades para las que muchas veces no se encuentra preparado. Touzón lo tiene claro, “cuando nos encontremos con una situación similar, será cuestión de volver a insistir hasta que los estudiantes comprendan nuestra postura”, admite con resignación.

LAS FRASES:

-“Si suena el móvil en clase se lo quitamos; ahora prácticamente ninguno se arriesga”.
-“Hay que insistir hasta que los estudiantes comprendan nuestra postura” (Vicente Touzón, Director del Instituto Mendizabala).
-“No sólo los alumnos deben desconectarlo; los profesores deben asumir la misma norma”.

-“Es imposible controlar mecanismos como el vibrador del móvil en las aulas” ( Koldo Arregi, Jefe de Estudios de Federico Baraibar).

DIARIO DE NOTICIAS DE ÁLAVA, 7 de Marzo de 2005

 
Colegios e institutos de Vitoria prohíben el móvil en las aulas al dispararse su uso PDF Imprimir
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Jueves 01 de Abril de 2010 17:45

 

Los profesores requisan el teléfono entre una semana y tres meses si los alumnos lo encienden en clase «Son innecesarios en el centro», dicen los directores.

Más de la mitad de los vitorianos de 10 a 14 años tiene móvil. Y se nota en las aulas de colegios e institutos donde ha quedado prohibido su uso. ¿La razón? Que muchos estudiantes ignoraban la lección mientras se entretenían enviando a sus compañeros mensajes de texto, uno de los códigos de comunicación preferidos por los jóvenes.

Los directores y profesores de los centros de enseñanza de Vitoria intuyeron el problema hace ya un lustro. En 2000, muchos adolescentes empezaban a ser agasajados en Navidad con celulares que usaban sin reparos en clase. Los colegios e institutos se vieron entonces obligados a controlar esos aparatos al dispararse su utilización. Pero estas restricciones se han endurecido en los dos últimos años, hasta tal punto de que la mayoría de los centros educativos de la ciudad ha prohibido el uso de los móviles en sus instalaciones, según han confirmado sus directores a EL CORREO. Buena parte de ellos admite que la 'movilmanía' está muy extendida. Sobre todo, entre los estudiantes de Enseñanza Secundaria, con edades de 12 a 16 años.

Vera Cruz, Corazonistas, Marianistas, Sagrado Corazón o Presentación de María son algunos de los centros que han adoptado serias medidas para evitar que una llamada interrumpa la clase, provocando las risas de los alumnos, o que los escolares se envíen mensajes de texto con los resultados de un problema de matemáticas o las respuestas a un examen. «Los 'SMS' han sustituido incluso a las chuletas o a la bolita de papel que circulaba entre los alumnos», indican sus responsables.

En los reglamentos de éstos y otros colegios, como Samaniego y San Viator, se prohíbe de forma explícita el uso del móvil en clase. Una medida consensuada con los padres. «Si suena, el profesor requisa el aparato», apunta Manuela Alcaide, directora del colegio Presentación de María. «Además, se llama a los padres para explicarles lo sucedido», apostilla una profesora de Vera Cruz.

Problemas con la cámara

Los alumnos pueden quedarse sin móvil entre una semana y tres meses. Con este castigo han logrado disuadir a la mayoría de adolescentes de utilizarlo en el aula. «Esa advertencia les resulta lo suficientemente seria como para no arriesgarse a quedarse sin el teléfono. Casi todos respetan la norma», subrayan desde el colegio Sagrado Corazón.

En otros centros, caso de los institutos Koldo Mitxelena o Mendebaldea, la normativa es algo más flexible. «Los aparatos se insonorizan a la entrada al aula para que no interrumpan la clase», apunta el director de Jesús Obrero, José Manuel Añón.

Los quince centros consultados coinciden en que los móviles son «absolutamente innecesarios» dentro del recinto escolar. «Hay decenas de teléfonos en los colegios que se pueden usar en caso de urgencia», subrayan.

Los celulares de nueva generación, que incorporan cámara fotográfica, surgen como un nuevo motivo de alerta en las escuelas, ya que algunos alumnos «juegan» tomando imágenes en el recreo. «Con la prohibición, se evita también que saquen fotos sin el consentimiento de sus compañeros», apunta José María Felices, director de Marianistas

EL CORREO DIGITAL

 
¿Existe la adicción al móvil? PDF Imprimir
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Jueves 01 de Abril de 2010 17:44

 


Un centro especializado en tratamientos contra las adicciones situado en Valladolid, atiende ya a seis pacientes a los que se les ha diagnosticado ya dependencia del celular. Los expertos estiman que ya existen dos incidencias por cada mil personas usuarias de la telefonía móvil.

Agresividad, mal humor, aislamiento, abandono de los estudios y del entorno social. Estos son algunos de los síntomas que han detectado ya expertos en este tipo de afecciones en algunos usuarios de telefonía móvil, una dependencia que incluso lleva a algunos de los pacientes a robar para poderse costear las llamadas.

En el Centro de Tratamiento de Adicciones Sociales Cetras situado en Valladolid se han convertido ya en unos expertos en este terreno debido a que mantienen en tratamiento ya a seis pacientes, aunque están convencidos de que este fenómeno es mucho más profundo. “Se estima” dice el psiquiatra Blas Bombin, “que una de cada mil personas puede hacerse adicto al móvil o estar muy próximo a serlo”.

Según este experto, la adicción puede desarrollarse en muy pocos meses dado que el placer es inmediato y los cambios bioquímicos en el cerebro son base de los psicológicos.

LOS JÓVENES LOS MÁS PROPENSOS

A diferencia de otras adicciones, como el alcoholismo o la ludopatía, la edad de inicio es muy baja, desde los doce años, debido entre otras causas al fácil acceso que los menores tienen a este sistema de comunicación y también al no existir efecto rechazo, sino todo lo contrario, por parte de la sociedad a su uso.

“En este caso no se trata de una sustancia sino que el vínculo es conductual”. Es una conducta irreprimible, incontrolable y exagerada que desplaza a otras actividades y en la adicción al móvil subyace lo que en cualquier otra dependencia de este tipo: un carácter inmaduro, inseguridad en uno mismo, inestabilidad y dificultades de comunicación. El objeto, el celular en este caso, es un sustituto de las parcelas de la personalidad que están en déficit. Recurren al hurto, a la mentira porque la adicción anula las facultades de gobierno de la persona. “El principio del placer gana al de la realidad” destaca.

Sin grandes diferencias entre los dos sexos, son más habituales en familias desestructuradas lo que lleva a una privación de afecto, también está ligada al fracaso escolar o amoroso. En definitiva, subyacen sentimientos negativos hacia uno mismo, frustración, desagrado sobre la propia forma de ser; lo que lleva al adicto a tener dificultades para relacionarse y se oculta en el móvil, el “chatear” proporciona anonimato, suple inhibiciones.
Así, explica Bombín, desconectan progresivamente del mundo real. “El adicto a la comunicación llega a la incomunicación”, perfila este experto quien destaca que, desde un punto de vista clínico, esta situación crea un carácter especial aderezado de ansiedad por llamar o recibir mensajes. La dependencia del móvil es “brutal” y carecer de cobertura o sufrir un apagón, crea un auténtico caos entre los adictos.

Como no saben vivir sin el celular, compran varios, tienen los últimos modelos y novedades y contratos con tres compañías. Comienza el absentismo escolar, el aislamiento de los amigos, la falta de rendimiento en el trabajo y el robo para costearlo.

El psiquiatra insiste que en nada ayudan las campañas que realizan las operadores móviles. “Es terrible porque no se concibe una vida sin móvil”, explica, sin dejar de reconocer las enormes ventajas que aporta a la sociedad y a los individuos, “es muy útil”.

El tratamiento que imparte el centro a los adictos al móvil es mixto. Por una parte existe un apoyo farmacológico para controlar la ansiedad o la depresión y también se trabaja con terapias de grupo e individuales para reforzar la autoestima combinadas o no con medicación.

“El Semanal. Marzo de 2004”

 
Psicólogos constatan los primeros casos de adicción al móvil entre los jóvenes. PDF Imprimir
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Jueves 01 de Abril de 2010 17:43

 

Los padres terminan desesperándose. En la mayoría de los casos lo dejan estar o capean la situación como pueden para evitar el enfrentamiento con sus hijos, pero algunos han empezado ya a buscar ayuda profesional. La adicción a los teléfonos móviles entre jóvenes y adolescentes es un problema poco conocido, pero emergente y que se ha convertido en una auténtica patología psicológica como cualquier otra, que también implica una importante dependencia, aunque los especialistas todavía no la han definido como tal.

En Gipuzkoa han comenzado ya a aparecer los primeros brotes de adicción al móvil entre jóvenes, aunque todo apunta a que se trata de la punta del iceberg. La asociación Ekintza Dasalud de Rentería especializada en ayuda a ludópatas, ha acogido ya siete casos en los últimos tres meses, aunque dos de ellos terminaron abandonando el tratamiento psicológico.

Son las primeras familias guipuzcoanas que acuden a este centro en busca de ayuda, pero la asociación tiene constancia de que existen otros muchos más casos que prefieren no tomar medidas, ya sea porque los padres de los afectados no admiten el problema o bien porque prefieren ignorarlo para no tener problemas de convivencia con sus hijos.

Se trata de chavales de entre 16 y 25 años que se pasan las 24 horas del día llevando encima un móvil conectado y terminan estableciendo una relación de dependencia de sus interlocutores y del propio uso del teléfono.

La alarma se enciende por el comportamiento que empieza a tener el joven en casa- irritabilidad y tendencia al aislamiento-, por los avisos que llegan de los profesores, que advierten del fracaso escolar que apuntan estos estudiantes adictos al móvil, o bien por las exageradas cantidades en las facturas que se reciben en casa. Los primeros casos tratados presentan gastos en llamadas de entre 400 y 600 euros mensuales. Y eso cuando se trata de líneas con la modalidad de contrato, porque en casos con teléfonos de tarjeta de prepago, los jóvenes han llegado a cometer hurtos para poder recargarla.

Estas facturas pueden hacer pensar en que detrás hay muchas horas de conversación pero es justo lo contrario. Los adictos al móvil no hablan entre sí, sino que se intercambian a diario y a todas horas decenas de los llamados mensajes SMS, de texto a través del teléfono móvil. En los casos más acusados, se pueden llegar a mandar entre 60 y 80 de estos mensajes cortos al día. Y en la mayoría de las ocasiones se trata de círculos muy amplios de usuarios, desconocidos entre sí, que se conectan por medio de chats de acceso telefónico.

Perfil predispuesto

Entre los chavales que presentan una mayor predisposición a engancharse a estos círculos con su móvil, los psicólogos que han comenzado a tratar los primeros casos de adicción dibujan el perfil de un joven introvertido, que se siente inseguro, con acusadas deficiencias de autoestima, que no tolera la soledad o con tendencia a la ansiedad, entre otras carencias.

Los especialistas parten de la tesis de que una persona se ve inmersa en alguna adicción porque previamente arrastra algún tipo de déficit, problema o alteración psicológica que le conduce.

Posteriormente, y como consecuencia directa de la adicción, han constatado en estos jóvenes manifestaciones de agresividad, irritabilidad y ansiedad, que se traducen en verdaderos problemas de convivencia en sus familias y en situaciones desesperantes para muchos padres.

Hacer frente a una “actitud cerrada y desafiante”.

El principal, y a veces insalvable problema con el que se encuentran los psicólogos que han comenzado a tratar problemas de adicción al móvil, es la “actitud desafiante” con la que se presenta el propio afectado. Y es que no son los jóvenes los que reconocen el problema y aceptan seguir un tratamiento psicológico, sino sus padres, que, desorientados y sin saber ya cómo reaccionar, “los llevan casi de las orejas” al especialista.

A partir de ahí, las psicólogas que trabajan en la asociación guipuzcoana Ekintza Dasalud, entidad subvencionada por el Departamento Vasco de Sanidad que lleva once años trabajando fundamentalmente en el campo de la adición al juego, lamentan que es muy difícil trabajar con un joven “totalmente cerrado en banda” que incluso trata de culpabilizar a sus padres.

Los profesionales intentan entonces seguir parte del tratamiento con los padres del afectado y pactar una serie de medidas que les puedan ayudar a superar la adicción de sus hijos.

Estas recetas no son muy sofisticadas. Lo primero que aconsejan, directamente, es “confiscar” el móvil y regular su uso. Se trata de que el joven se acostumbre a no utilizar el aparato telefónico a todas horas , a apagarlo en determinados momentos y a poder salir sin llevarlo encima.

Posteriormente, las psicólogas intentan realizar un diagnóstico sobre las carencias psicológicas que le han podido llevar a un chaval a depender del teléfono móvil para superar su aislamiento para proponer una terapia.

(EL MUNDO, LUNES 26 DE ENERO DE 2004).

 
Enfermos del móvil PDF Imprimir
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Jueves 01 de Abril de 2010 17:41

 

Iván es un chico normal de 19 años, hijo de unos padres normales de clase media y que, como millones de jóvenes españoles, tiene teléfono móvil. Por las mañanas va a la facultad de la Universidad de Cádiz. Por las tardes, asiste a un centro de rehabilitación de Proyecto Hombre para desengancharse de su adicción al móvil.

Tras pasar el verano de 2003 aprendiendo inglés en el Reino Unido, vino el primer disgusto. En 25 días, se había gastado más de 600 euros en llamadas y mensajes. Iván, que tenía un teléfono de prepago, se ganó una buena bronca y perdió el móvil. Sin embargo, a los pocos días pidió una segunda oportunidad a sus padres. Ellos, creyendo lo que el hijo les decía de que todo se debió a que desconocía el precio de las llamadas internacionales, se la dieron. Lo metieron en el contrato familiar y le devolvieron el terminal. En una semana ya se había gastado 50 euros. De nuevo las discusiones y de nuevo sin móvil. Meses más tarde, Iván volvió a convencer a sus padres de que esta vez sí se controlaría. Y le creyeron. Sin embargo, a los cinco días, consultaron la factura en Internet y vieron que llevaba 100 llamadas hechas. Le quitaron el teléfono, ya definitivamente. “Nos alarmamos, pero no sólo por el dinero. Le veíamos a las 2, a las 3 y a las 4 de la mañana con el móvil en la oreja. No dormía”, dice María, su madre. Pero Iván se compró un teléfono a escondidas. Y a escondidas crecieron los problemas. Le cambió el carácter, hacía pequeños hurtos en casa, le debía dinero a todo el mundo... Todo por recargar la tarjeta.“Perdió la alegría. Decidimos hacer algo y le hablamos de Proyecto Hombre”, añade la madre.

“Mi primera reacción fue decir ‘no”, reconoce Iván. Les dijo que eso era para los drogadictos y que él no estaba enganchado. Sin embargo, su crédito se había agotado. Sus padres le dieron dos opciones: o iba a Proyecto o se iba de casa. Ya lleva casi tres meses yendo a terapia. “Antes, no hablaba con mis padres. Si tenía un problema, me encerraba en mi cuarto y llamaba”, confiesa el chaval. Hoy, Iván sí reconoce tener un problema. “Nos está costando muchas lágrimas, pero empieza a merecer la pena”, cuenta su madre.

Mientras esté fuera del centro de Proyecto Hombre, el chico nunca puede estar sólo. Siempre ha de ir acompañado por uno de sus padres o por su mejor amigo. Es el seguimiento en el argot de los terapeutas. No puede tocar un teléfono, ni siquiera el fijo. Si todo va bien, en ocho meses podrá volver a responder una llamada por sí mismo. María, que ha dejado el trabajo para ayudar a su hijo, se ha implicado tanto que se ha propuesto hacer ver a los padres que el móvil es peligroso. “El que se engancha al móvil puede engancharse a cosas peores”, advierte.

“El teléfono no es el problema. Es una solución inadecuada que los chicos se buscan a un problema previo”, aclara Luis Bononato, terapeuta de Iván y uno de los primeros en enfrentarse al problema de la adicción a las nuevas tecnologías. En 2002, trató a una chica obsesionada con los SMS. “Como Iván, se gastaba unos 600 euros al mes en mensajes. Se llevaba el móvil a todas partes. Hasta tuvo que dejar un curso de peluquería porque no tenía tiempo. Se fue aislando, dejando de lado a su familia y amigos”. Hoy, Luis lleva ya varios casos y asesora a compañeros de otros centros.

Para él, hay elementos comunes entre la adicción a los móviles y las drogas. “El adolescente se evade de los problemas con drogas o con las nuevas tecnologías. Frente al mundo de los adultos, crea un mundo de fantasía donde es quien le gustaría ser. Los SMS, por ejemplo, son un medio de ligar sin dar la cara. Pero impiden el crecimiento como persona al no afrontar los riesgos de una relación real”. La tolerancia es otra similitud. “Con las drogas, cada vez necesitan una dosis mayor para conseguir el mismo efecto. En los móviles, esto se ve en el aumento de la factura, el mayor tiempo que pasan junto al teléfono o tener dos o tres terminales”.

Y, como con las drogas, “seguirá habiendo casos hasta que los padres no se encarguen de la educación. El control no se puede hacer a través del móvil sino con la cercanía, la confianza y la comunicación con sus hijos”.

¿Es usted adicto?
En el caso de los teléfonos móviles no hay una prueba bien definida para comprobar si es o no adicto, como la hay para Internet, el juego o las drogas. Pero, con la ayuda de Luis Bononato, de Proyecto Hombre, y un poco de sentido común, aquí tiene una serie de pistas.

1. La factura es el primer aviso. Por muy saneada que esté la economía familiar, los 600 euros de Iván son a todas luces excesivos. Aunque la cifra dependerá de cada familia y del uso que haga del teléfono, superar el gasto mensual de 30 euros es preocupante.

2. Si el teléfono es un medio para comunicarse con sus amigos, ¿para qué lo sigue usando cuando los tiene al lado? Cada vez es más frecuente ver a un grupo de chavales cada uno con el móvil en la mano y sin hablar entre sí.

3. Otro síntoma es que nunca se separan del teléfono. Lo llevan al baño, durante la comida, ante el televisor, en las reuniones familiares...

4. ¿Habla por los codos cuando se trata de una conversación telefónica y, sin embargo, se vuelve parco en palabras cara a cara?

5. Se pasa de una sensación de malestar a otra de bienestar en función de tener o no tener el teléfono móvil cerca. En muchos casos, se ponen nerviosos si no aparece. Nerviosismo que cesa al encontrar el terminal.

6. Modificación de hábitos del sueño. ¿Sorprende a su hijo llamando a altas horas de la madrugada desde la cama? ¿Percibe que duermen poco y mal?

7. Otro efecto del abuso del móvil es su estado de lejanía, la disminución de la cantidad y calidad de la comunicación con hermanos y padres. Aunque este fenómeno es típico de la adolescencia y es difícil de medir.

8. No hay un número de horas a partir del cual se puede afirmar que se está ante un uso patológico del teléfono, pero los expertos dan una pista. ¿Qué cosas esta dejando de hacer por estar llamando? Ver la televisión, jugar, estudiar o el abandono de otras obligaciones. Es conveniente comparar con lo que hacen los chicos de su edad.

9. Hay que contrastar lo que se observa en casa con el colegio. Ver si allí hace lo mismo, si se le sorprende a menudo enviando SMS durante clase o si lo primero que hace, al salir al recreo, es encender el aparato.

10. Si se identifica con estas actitudes o las observa en sus familiares, consulte con su médico o con Proyecto Hombre. www.proyectohombre.es

Los móviles robados van al Este
Desde que en junio de 2003 el Gobierno lanzara un sistema para bloquear los teléfonos móviles robados, se ha utilizado en 203.000 terminales. El problema es saber si este dato es bueno o no.

El plan, que supuso la creación de una base de datos común a las tres operadoras, tenía como objetivo reducir la cantidad de móviles que se roban en España. Se pensaba y se piensa que, al bloquear el teléfono dejándolo inutilizable, éste deja de tener valor para el caco. Pero no es así. En 2003 se robaron algo menos de 200.000 terminales. Aunque aún no hay datos de los sustraídos el año pasado, sí los hay de los bloqueados. Son 143.000, hasta noviembre. Podría parecer que el robo ha bajado en 50.000 unidades, pero sólo lo parece. En primer lugar porque no se denuncian todos los robos, y en segundo lugar porque no se bloquean todos los móviles hurtados. El sistema para hacerlo es complicado y no todos lo conocen. Una muestra es que, de cara a la Navidad, el Ministerio de Industria lanzó una campaña con 300.000 trípticos explicando cómo bloquear los teléfonos. “El sistema está funcionando, el usuario ya sabe cómo bloquear su móvil”, dicen desde el ministerio. Por su parte, las operadoras, mantienen que el bloqueo mediante el IMEI, algo así como el número de chasis, es seguro y “su funcionamiento es secreto”. Entonces, ¿por qué se robaron un mínimo de 143.000 teléfonos? ¿Quién los roba? ¿Adónde van?

“Por que, aunque esos teléfonos no funcionen en España, sí valen en otros países”, aclara un técnico de una tienda de telefonía. “Las mafias roban terminales de gama alta y los llevan al Este”, añade. Pero no todos los ladrones tienen rasgos eslavos y no todos los móviles desaparecidos son de los caros. Cuesta arrancárselo, pero tanto este técnico como el responsable de otro local que suministra material telefónico, reconocen saber cómo desbloquear un teléfono supuestamente inservible.

“No lo puede hacer cualquiera, pero el que entiende, entiende”, afirma uno. El otro lo compara con los sistemas para piratear las tarjetas de la televisión digital. Ninguno reconoce que en su tienda desbloqueen un móvil. Entre otras cosas porque, desde la entrada en vigor del nuevo código penal en octubre pasado, estas prácticas han pasado de ser una falta a un delito. Para evitar el primer tipo de robos, las operadoras quieren crear una base de datos de móviles robados de carácter mundial. Para los del segundo grupo, marque *#6# para saber su número IMEI y, por si acaso, no pierda de vista su teléfono.

Las otras ciberadicciones
El teléfono móvil no es la única tecnología de la que se puede abusar hasta convertirse en un problema. Internet y sus contenidos, así como los videojuegos, también tienen sus riesgos.

“Internet per se no es adictivo, aunque sí lo pueden ser algunos de sus contenidos”, dice Lourdes Ventura, psiquiatra y una de las impulsoras del proyecto Adictos a Internet (www.adictosainternet.com). Tambien quiere aclarar que, como en el caso de las drogas, “el problema está dentro de la persona, no fuera”.

Al hacer un perfil del adicto a Internet, diferencia entre jóvenes y adultos. En los primeros, entre los 14 y los 25 años, la adicción se puede considerar como leve. “Aunque es donde hay que incidir más”, advierte. Y hay que hacerlo para no llegar a los usos patológicos que ha visto en los adultos.

Los problemas de los mayores de 35 años son el sexo virtual, la pornografía, los chat o los juegos. “Internet permite la satisfacción inmediata del deseo”, añade Ventura. Un tipo específico de adictos son los que descargan continuamente todo tipo de programas. En cuanto a partir de qué horas se considera que hay un problema, los expertos hablan de 30 semanales. Pero la psiquiatra prefiere medir el grado de adicción en función de las renuncias que se hacen por no dejar de navegar: la atención a la familia, al trabajo o a los amigos.

En cuanto a los videojuegos, no hay estudios concluyentes que afirmen su peligrosidad. Pero Luis Bononato recuerda que “mientras Internet y el móvil no están diseñados para reforzar conductas compulsivas, los videojuegos sí”. Por eso, se recomienda a los adultos supervisar los juegos de los jóvenes, en especial los más problemáticos.

Fuente: www.elmundo.es
Autor/-a: MIGUEL ÁNGEL CRIADO 24 de Enero de 2005

 

 
Las máquinas de apuestas en los bares, al alcance de los menores de edad PDF Imprimir
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Jueves 01 de Abril de 2010 17:38

LOS JÓVENES RECURREN A UN MAYOR PARA COBRAR LOS PREMIOS PORQUE NO PUEDEN ENTRAR EN LAS CASAS DE JUEGO

Dos personas, ajenas a la información, efectúan sus apuestas en una máquina. FOTO: JAVI COLMENERO

R. RUIZ DE GAUNA VITORIA. Las casas de apuestas se consolidan poco a poco en Vitoria. Si a los pocos días de su inauguración estaban semivacías, ahora ya se ve más movimiento dentro. Es la percepción que tienen desde la Asociación de jugadores en Rehabilitación Asajer de esta nueva modalidad asentada en Euskadi. Sin embargo, no es su presencia lo que preocupa, ya que están reguladas y permitidas por el Gobierno Vasco, sino el hecho de que han detectado cómo hay chavales menores de edad que apuestan en las máquinas que estas casas de juego tienen distribuidas por los bares de la capital alavesa. “Saben que no les van a dejar entrar a estos locales porque son menores de 18 años, así que apuestan su dinero en las máquinas y, si tienen la suerte de ganar un premio, recurren a una persona mayor para que vaya a cobrarlo”, detalla la psicóloga de la asociación. “Nadie les dice nada”, asegura Idoia Axpe, quien compara esta situación con la de los menores que compran bebidas alcohólicas en tiendas y supermercados.

DINERO FÁCIL

Los responsables de Asajer han detectado esta situación a raíz del trabajo de concienciación que habitualmente desarrollan en los centros escolares con alumno de la ESO de entre 12 y 16 años. “Nos preocupa que los jóvenes se acerquen a este mundo de las apuestas porque lo ven cómo una formamuy fácil de obtener dinero, y de ganar con un euro cinco, siete o treinta”, denunció Axpe. A pesar de que en Álava son las personas de más edad quienes mayor relación tienen con las apuestas, esta modalidad gusta a los adolescentes porque, generalmente, se trata de deportes por los que sienten una gran afición y, por lo tanto, además de entretenerse, obtienen una recompensa. Al margen de las apuestas, los jóvenes se decantan por los videojuegos y juegos de rol. Ambos forman parte de su ocio a partir de los 17,4 años, edad media en la que se inician a las máquinas y, ya más tarde, con 21,5 años a la versión on line. En cualquier caso, uno de cada cuatro alaveses asegura haber probado alguna vez.

Fuente: Diario de Noticias de Álava Sábado, 20 de junio de 2009

 

 
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